Etimológicamente, crear significa engendrar, producir, generar la existencia de algo nuevo.
No creamos de la nada. Creamos a partir de lo que ya existe: elementos de la naturaleza, ideas, emociones, material previo… incluso al engendrar en el útero estamos creando desde células preexistentes (óvulo, espermatozoide) y una las cuestiones más importantes en la sanación de los linajes y el flujo de la energía y abundancia, es reconocer a padre y madre como los dadores de la vida, reconocer a los ancestros en el mismo sentido.
En la actualidad, hay pocas posibilidades de verdadera innovación, todo lo que se crea es co-creación, adaptación, evolución, nuevas formas de lo que ya existe. Reconocerlo es importante. Esto también sucede cuando se trabaja profesionalmente en ensayos, libros e investigación, se cita fuente y eso le da solidez y contexto a la teoría o al trabajo que se presenta.
Asimismo, en las prácticas orientales es meritorio reconocer los linajes, la herencia de la cual uno aprende y toma. En el budismo zen, los monjes pueden rastrear su linaje hasta el mismo Buda y similarmente sucede en las artes marciales.
Pero en los ámbitos espirituales occidentales esto no es tan claro. Un poco porque los linajes y las fuentes se van perdiendo en la migración, traducción y transformación, y otro poco por el secretismo al que a las personas les gusta aferrarse para crear cierta aura de misticismo y falsa sabiduría. En el ámbito de la espiritualidad de las mujeres esto sucede mucho, porque da poder sobre otras.
Es mezquino permitir que otros crean que una es dueña y creadora absoluta de algo. No somos dioses y esa sensación de importancia personal que aporta el celo por el conocimiento es una pauta muy concreta de no-espiritualidad y de falsas maestrías.
Al mismo tiempo, para las mujeres, es un mecanismo de supervivencia.
En la antigüedad, durante los siglos que podemos considerar el inicio del patriarcado, las mujeres ocupaban roles muy definidos: hijas, esposas, madres, en esa sucesión sin excepción y con la única tarea de aportar herederos al clan. Las mujeres imposibilitadas de concebir eran apartadas y las mujeres viejas eran consideradas una carga por su propios hijos. Las mujeres pobres, sin posibilidad de dote para conseguir marido, eran también un descarte para la familia, se las dejaba abandonadas a su suerte, en muchos casos forzadas a la prostitución.
Exceptuando, en todo esos casos, que se las entregara a los dioses, a los templos para su educación en el servicio espiritual. Convertirse en sacerdotisa (o aprendiz de…) significaba, no solo supervivencia para muchas, sino un potencial camino hacia el poder, ya que las mujeres en ese rol tenían posibilidad de aprender a leer y escribir, a estar en los palacios como consejeras, o sea, con cierta influencia política y muchas veces se les requería celibato, con lo cual estaban resguardadas del abuso y el sexo.
Las sacerdotisas guardaban celosamente los secretos del poder y del dogma religioso que las sostenía en ese lugar. Era una forma de dominancia, principalmente, sobre otras mujeres ya que se ubicaban, en la escala social, por encima de las esposas y las hijas, solamente estaban a la par de las princesas y algunas damas de la corte, su única superior podría ser la reina y alguna concubina favorita.
Te recomiendo, si te interesa profundizar en los roles de las mujeres en este sentido, leas el libro de Gerda Lerner “El origen del Patriarcado”, una excelente visión femenina y análisis antropológico del tema.
¿Cuánto del secretismo que sostienes en tu saber es mecanismo de supervivencia heredado?
Directo al corazón esta pregunta. No me preocupa sacudirte en tu ego. Lo que consideras, tal vez, como fuente de poder, es en realidad miedo.
Reconocer tus fuentes, apoyos y sostén es donde reside el verdadero poder
Tanto sanar, como reconciliar o conscientizar requieren actos creativos. Nuevamente, no creamos de la nada. Creamos desde el interior y también tomando de un entorno nutritivo y próspero que habilita lo nuevo.
Indagar e investigar si lo que recibes tiene verdadero sustento es valioso, te permite saber de quién tomas, tanto en sabiduría como en cualidades, y también habilita la verdadera co-creación. Repetir sin reflexionar no tiene valor en la espiritualidad ni respecto a la posibilidad de consciencia.
El secretismo merma, seca la tierra, aísla.
En vez de encaramarte con tanto esfuerzo en ese falso poder, déjate sostener por lo que te nutre y mueve hacia más vida. Reconoce tus apoyos, nómbralos y agradécelos. Da reconocimiento, eso es lo que permite el flujo y abundancia y energía: tomar la vida, honrar a las maestras, a las guías, a las compañeras de camino.
Además, brinda contexto y te consolida, les permite a las personas que toman de ti comprender que hay un camino real y concreto que se puede realizar, con pasos, recursos y herramientas que lo hacen posible. Sobre lo místico, endiosado, mágico o sagrado, no tenemos poder, ni capacidad ni forma… porque somos humanas, no dioses omnipotentes.
Reconocer el linaje creador nos humaniza, nos humilda, pero sobre todo, muestra algo posible, alcanzable para otras. Las sacerdotisas no solo eran ideales de perfección, sino que también eran inalcanzables por las comunes.
Apoyarse en la línea ancestral para estar en poder
Te propongo experimentar desde el cuerpo lo que significa estar en poder desde el reconocimiento de linaje creador, en comparación a estar encorsetada en ti misma en la idea de proteger tu poder.
Desde la somática, vamos a considerar todo el espacio posterior del cuerpo como posibilidad de apoyo: la espalda, los hombros, la cabeza, también los glúteos, pantorrillas y talones. En el qigong reconocemos ese espacio como el del meridiano de vejiga y la energía de los riñones, relacionada, justamente, con los ancestros. Esto coincide en gran medida con la cadena miofascial posterior superficial. (Lo explico desde las distintos contextos piscocorporales para que tomes el que más te suma).
Desde este contexto, prueba el siguiente ejercicio:
De pie, descalza en lo posible, toma atención a tu espacio/línea posterior, siente tus talones y como los puedes habitar, tu piernas, tu espalda y hombros. Si necesitas sumar un recurso sensitivo, usa una pared, apóyate suavemente en ella hasta que puedas reconocer el espacio corporal.
Una vez que puedas ocupar la línea posterior, trae a tu mente-corazón una persona, libro, curso o situación de la que hayas recibido algo de aquello que has transformado hacia tu dar. Visualízala en tu línea posterior como un apoyo. Abre los ojos y mira a la vida, en intención de dar.
¿Cómo te sientes? Tomate un momento para registrar sensaciones físicas y emocionales.
Haz la prueba ahora de ignorar la línea posterior, retírate del apoyo y concéntrate en proteger aquello que consideras tu conocimiento sagrado o lo que has tomado en secreto.
Observa como cambia el sentir y la forma corporal de estar en la vida. ¿Cómo miras a la vida ahora?
Este es un ejercicio simple de sensitividad para comprobar desde la experiencia que tiene sentido apoyarnos y abrirnos a recibir, para luego dar. Te servirá también para encontrar los verdaderos apoyos y descartar lo que no sientas como sostén real.
Para concluir…
La capacidad creadora se nutre de la vida misma y se conecta con el origen de lo que existe. Nuevamente nos recuerdo que no somos dioses, creamos desde la materialidad, vivencias, memorias y herencias que recibimos en la vida, sea de nuestros progenitores o maestras, compañeras de camino e incluso de quienes reciben nuestro servicio o asistencia.
Tomar sin reconocer ni honrar corta esos linajes, trunca la abundancia en toda su amplitud. Permitir que otros crean en esa omnipotencia los debilita, porque los ubicas en un lugar sin poder. Por el contrario, apoyarte y honrar tu linaje creador te abre a la vida, a respirar todo lo que hay para ti y a darlo con mucha más consistencia.
Te invito, entonces, a tomarte un tiempo de recolección interna en donde puedas encontrarte con tus apoyos reales y luego puedas hacer el movimiento de nombrarlos, honrarlos y anclarte en ese poder.
Lee aquí sobre el linaje creador de Nuestro Útero.