No quiero usar mi útero solo los domingos

Cuando era niña en mi casa existía esta costumbre (aún habitual) de usar cierta vajilla, manteles y vestimentas solo los domingos. A la iglesia se iba los domingos por la mañana y luego la familia se reunía en el almuerzo con estos elementos destinados a situaciones excepcionales. La ostia y la vajilla eran sagradas.

Todo eso se usaba bastante poco y, por lo que recuerdo, se rompía mucho. Era tanto el respeto que había que tenerle a las copas y compoteras de los domingos, que intimidaban al punto de temblarte las manos y cometer torpezas. Así la ropa de la iglesia terminaba también manchada y yo, en penitencia.

De adulta decidí que no habría nada en mi casa ni en mi ropero solo para ocasiones especiales. Mi vida cotidiana es lo suficientemente especial para usar todo en ella.


Un poco de análisis patriarcal-religioso
“La relación entre lo humano y lo divino, mediada por espacios sagrados, es un fundamento del orden propuesto por la religión para la sociedad: espacios específicos son sagrados porque representan un lugar en el que la experiencia caótica y relativa de los humanos puede centralizarse hacia un poder extraordinario. Estos espacios tienen reminiscencias a un evento real, como la relevación del Corán, la iluminación de Buda o la crucifixión de Cristo. Proporcionan un centro simbólico alrededor del cual orientar el mundo y a partir de ello, se convierte en empoderador y ajeno: un lugar de comunión con dios o dioses, a diferencia del amplio espacio profano fuera de éste.” Fuente.

Las religiones son estructuras de creencias a través de las cuales las personas reconocen y establecen una forma de relación con la divinidad, en plural también en caso de las politeístas. Las formas religiosas existen desde que la consciencia humana comenzó a preguntarse por el devenir del si mismo posterior a la muerte. En la antigüedad, los espacios sagrados estaban en la naturaleza, eran parte de la Tierra y accesibles por todos. Con el avance de las tecnologías y la ciencia, los espacios sagrados son construidos por los hombres para crear esos puntos de orden y encuentro con los dioses.

Los lugares sagrados piden silencio, como sucede en monasterios y en esas catedrales que si hablas un poquito fuerte se hace eco. Para que se mantengan sagrados hay prohibiciones, cosas sacrílegas que no pueden suceder, hay preferencias para quienes cumplen con ciertas condiciones y para el resto, inaccesibilidad.

Por eso la iglesia, más que respeto, nos daba miedo de chicas. Deshonrar lo sagrado es pecado, conlleva castigo, exclusión, penitencia y perdón.


Se ha hecho frecuente hablar del útero y sus expresiones como sagradas: el útero, la sexualidad, la menstruación, la conexión con el corazón… ¿todo es sagrado? ¿Hay que venerar al útero por encima de los demás órganos o del cuerpo en general?

Sacralizar requiere polarizar con lo profano y secular, con aquello que pertenece a lo común. Es otorgar un poder superior y excluyente del resto y también ejercer una devoción sin posibilidad de confrontar o cuestionar nada. Así, la relación con lo divino se establece bajo condiciones y solo es accesible si éstas se cumplen. Tal es la creación del patriarcado para monopolizar la relación con el dios de turno de manera regulada y esto sucede tanto en las religiones monoteístas islámicas judeo-cristianas, como en las politeístas de la antigüedad y del oriente actual (hinduismo, sintoísmo y otras).

En el budismo zen (religión o filosofía no-teísta, o sea, no discute sobre la existencia de Dios) existe un dicho de Bodhidharma: “Vasto vacío, nada sagrado”. Eso le responde el monje al emperador ante la pregunta sobre lo sagrado. No se trata de polarizar sino de despertar, ver la naturaleza completa de todas las cosas: nada sagrado porque nada profano.

(Si recién me conoces, tienes que saber que soy budista zen y que Nuestro Utero tiene fuerte base en esa filosofía).

Lo que existe es sagrado y mundano al mismo tiempo. Si el útero es sagrado, el corazón lo es también, porque el cuerpo lo es, porque tú lo eres. Las personas somos sagradas. Eso es venerar nuestra existencia. Y a la vez vivimos una existencia completamente común y cotidiana, aun despiertas.

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