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Sentimos vergüenza, miedo y dolor. En nuestro interior hay rechazo por nosotras mismas y expectativas de algo diferente, vivir diferente, sentir diferente. Queremos que partes de lo que somos desaparezcan, se evaporen, se extingan con el sahumo, porque no queremos sentir dolor de ningún tipo.
Evitar el dolor es una actividad perpetua y agotadora. Pero el ego, la mente identificada, piensa que puede lograrlo, sin embargo, no sabe cómo y se deja tentar por todo aquello que se lo promete.
Imaginar la sanación súbita es un deseo mental basado en el autoengaño que se sostiene además por la desconexión, la misma vergüenza que silencia lo verdadero, la incapacidad de pedir y de tomar, la conducta de escondernos porque nos creemos incorrectas… estamos siempre disimulando la profundidad y la intensidad de lo que nos sucede, rapiñando sanación sin exponernos del todo a la propia herida.
No puedes sanar sino miras el dolor. ¿A dónde pones la pomada y la venda sino?
Una mujer llega a consultar a la Gran Maestra Medicina, luego de caminar por varios días bajo el sol. Su piel estaba ardida, sus pies lastimados.
—Gran Maestra, ¿cómo puedo sanar? —le preguntó.
—Quédate en la sombra mirando lo que escuece en ti. Allí donde arda, se amable y cuidadosa.A continuación consultó una mujer ciega que también venía de muy lejos y había sido atacada por abejas.
—Gran Maestra, ¿cómo puedo sanar?
—Quédate en la sombra tocando lo que pica en ti. Allí donde ansíes rascar, se amable y cuidadosa.Por último ese día consultó una mujer sin manos que había sido mordida por animal extraño.
—Gran Maestra, ¿cómo puedo sanar?
—Quédate en la sombra sintiendo lo que duele en ti. Allí donde comprendas que hay que limpiar y coser, pide ayuda.
Tus heridas, tu dolor, tu vergüenza y temor, solo pueden ser accedidos por ti misma. Solo tu puedes iniciar la sanación de todo eso y también solo tú puedes indicar a otros cómo ayudarte sin que eso te signifique más dolor.
La personas que brindan asistencia desde el corazón en conexión con la vida saben que no pueden sanar a nadie, solamente habilitar espacios y ser amables asistentes en los procesos de los otros.
No hay magia en la sanación, no es el tiempo lo que cura ni el ritual, sino tu compasiva disposición a estar con todo lo que eres, y eso incluye tu dolor.
Ancestral, oriental y originario
Hay muchos factores por los cuales creemos que puede haber sanación súbita o mágica, el autoengaño y el bypass espiritual son un par de ellos, alimentados por la visión simplificada new-age de las filosofías orientales y la idea ilusoria de que la felicidad es la ausencia de problemas. Pero también sucede que la medicina moderna no aporta todas las respuestas, sobre todo a las mujeres.
Tenemos mas tendencia que los hombres a creer en magia porque la ciencia y la medicina nos han estudiado poco y no tenemos opciones para transitar lo que nos sucede. Esto es una realidad que comienza a ser visibilizada y atendida en la actualidad, pero que puede llevar décadas resolver. Es real que las mujeres tenemos menos información y elecciones posibles, somos ninguneadas, desconsideradas y maltratadas por la medicina y eso nos mueve a las búsquedas espirituales y alternativas que la mayoría transitamos.
Sin embargo, en lo espiritual y alternativo tampoco hay tantas respuestas certeras. Es en la desesperación y en la desesperanza que elegimos creer y forzar la existencia de las respuestas que esperamos.
Ancestral no es sinónimo de verdadero, útil para ti ni tampoco sano. Las ancestras eran personas muy desvalidas, si bien con tradiciones nobles, vivían en un contexto de escasez en donde lo que sucedía o no sucedía (por ejemplo, la lluvia para las cosechas) era explicado y entendido a través de supersticiones.
—Si el rito no ha funcionado en ti es porque los dioses no lo han querido— esa es la respuesta que un chamán podía darle a una mujer enferma que no hubiera sanado luego de un ritual.
Los rituales de sanación ancestrales tienen mucho simbolismo y son experiencias de comprensión y transformación contextuales que luego necesitan ser sostenidas por conductas para crear realidades novedosas. Puedes tener un insight en un ritual, pero eso no es una sanación. Saber no significa efectivamente poder.
Lo oriental carga también este tinte místico que surge de ver lo externo sin comprender lo interno de los procesos espirituales o de consciencia planteados por las filosofías tradicionales de India, China, Japón, Tíbet. Ansiamos la calma mental y la coherencia cuerpo-mente pero sin dedicarnos a las diez mil horas de meditación que ello requiere.
Las filosofías orientales aportan ilusión espiritual asimismo en un contexto de religión occidental que tampoco alcanza y satisface a las mujeres. Cuando nos aferramos a la idea de espiritualidad como un logro y etiqueta identitaria, nos disociamos alejándonos del verdadero camino que podría sanarnos.
Ananda le preguntó al Buda:
—Maestro, pueden las mujeres alcanzar la iluminación.
—Si Ananda, como todos los seres —respondió el Buda y finalmente accedió a ordenarlas como monjas.
A pesar de nuestra naturaleza sintiente, las mujeres hemos estado excluidas de la espiritualidad oriental y occidental por milenos, como una forma mas de dominación y poder patriarcal. Recién estamos comenzando un tránsito espiritual verdadero y nos queda tanto por crear, explorar y aprender…
Las tradiciones de pueblos originarios son también parte de nuestro bagaje ancestral y rescato, en lo personal, lo valioso de las medicinas aborígenes a partir de plantas autóctonas, terapias florales y, en general, la conexión con la naturaleza. Definitivamente considero que en la naturaleza hay mucha sanación y muchos recursos para ello. Pero tampoco es mágico, hay que hacer con consistencia y desde la coherencia con lo que nos sucede. No todo es para todas.
La oferta y el marketing espiritual
Numerosos ritos y rituales originarios de Latinoamérica (porque acá vivo, pero imagino que en otros continentes es lo mismo), son ahora anunciados y promocionados en las redes sociales como la sanación absoluta de presente, pasado y futuro, de todos los males prometiendo absoluta liberación, abundancia y prosperidad en todo ámbito de la vida.
He escuchado tantas decepciones al respecto…
La occidentalización de lo ancestral, oriental y originario ha llevado a las chamanas y gurúes a comerciar con sus servicios para subsistir. Esto sucedió con el éxodo de maestros chinos de acupuntura y artes marciales hacia Europa en el momento de la revolución comunista en China, con los maestros zen de Japón en la postguerra y su migración hacia Estados Unidos y Brasil, con los tibetanos luego de la apropiación territorial china, con los hindúes durante los noventa o más años de ocupación británica en la India, simultáneamente en la ocupación de América del Norte diezmando a los nativos y, por supuesto, con la colonización hispanoamericana y la transformación religiosa-cultural impuesta a los pueblos originarios de nuestro continente.
Lo que se hacía para la tribu ahora se vende por redes sociales. La globalización, el avance tecnológico en transporte, comunicaciones y comercio, impuso transformaciones y también trajo la mercantilización de las culturas ancestrales (servicio por ganancia), traspolando y descontextualizando sabidurías, rituales y prácticas que no son del todo aplicables ni útiles fuera del propio ámbito geográfico-temporal.
¿Qué significa esto? Que sin adaptaciones y actualización, lo ancestral, oriental y originario no nos sirve, porque no somos esas mujeres que crearon esos recursos para trabajar en situaciones de sus vidas.
Como instructora de qigong y meditación explico muchas veces que nuestra práctica no es como chinas ni tampoco como monjas budistas de hace 2600 años. Es como lo que somos hoy, al actualizar la práctica a lo que somos, la transformamos en recursos disponibles. Si por el contrario, nos retrocedemos a los tiempos del ritual, exigiéndonos encajar con eso, exigiéndonos resultados ancestrales, todo se convierte en algo falso e ilusorio.
¿Por qué un rito funciona y no funciona a la vez?
Rito significa ceremonia o costumbre y en su etimología encontramos la raíz indoeuropea que significa hacer, actuar. Los ritos tienen una forma determinada, un orden y se repiten siempre respetando esos mismos parámetros. Generalmente están circunscritos a dogmas o sistemas religiosos de algún tipo, relacionados con la fe y cosmovisiones específicas. Ese contexto es relevante y cuando se suprime, el rito pierde sostén.
—¿Te has dado cuenta?
—Si, me he dado cuenta.
—¿Qué ha cambiado?
El discípulo se quedó reflexionado, observando ese momento presente posterior al darse cuenta y respondió: —Pues no ha cambiado nada.
“Darse cuenta” significa percatarse, capturar de manera completa algo.
Insight, que es en inglés, deviene de inner + sight, visión interior. Tiene una raíz germánica que significa percepción o conocimiento.
La mente, como órgano sensorial interno, ha captado algo nuevo. ¿Qué harás con ese nuevo componente en tu consciencia? Puedes usarlo para crear y actualizar patrones y conductas u olvidarlo por completo tres días después del rito.
La impermanecia de la iluminación y delegar el poder
En el budismo y en el taoísmo, de diferentes formas, se enfatiza en la naturaleza cambiante o impermanente de todos los fenómenos, incluso aquellos mentales como el “darse cuenta”. Probablemente has tenido la experiencia de pensar “pero esto yo ya lo sabía, ya me lo había visto”. Resulta que la mente olvida las comprensiones que logra con mucha facilidad y velocidad.
Para gestionar esa pequeña dificultad de la mente es que se crean las prácticas, cuales fueran: meditación, yoga, qigong o modernas como la danza o el tapping emocional, todas tienen el sentido de ayudarnos a darnos cuenta de las mismas cosas una y otra vez hasta que adquirimos capacidad de hacer algo con eso.
Los cambios no suceden desde la comprensión mental sino desde la acción y las prácticas son los medios para el cultivo de esas conductas innovadoras que deseamos incorporar en nuestras vidas. Entonces, el rito puede convertirse en parte de tu práctica y servirte para crear. Lo repites cada día o cada semana o cada mes, vuelves a observar y a hacer, tomas la responsabilidad y el poder que el rito te brinda si lo usas.
En sus inicios, la meditación, el yoga y todas las disciplinas ancestrales eran ritos que se fueron estandarizando y ampliando a medida que la gente los usaba y les servían.
En occidente estamos educadas en delegar el poder del ritual a una figura eclesiástica: la misa y quien la guía, el pedido y otro ser, que no vemos ni sabemos si en verdad existe, tiene que aportar las soluciones. Esa una forma de mantenernos sumisas, haciéndonos creer que no tenemos poder ni podemos hacer.
Los ritos modernos, sean religiosos, alternativos, provenientes de terapias o nuevas formas de asistencia, incluso de la comunicación y el marketing, responden a la misma regla: ¿de qué te das cuenta y cuál es tu capacidad para hacer algo con eso?
Cuanto el rito no te permite el poder de acción es manipulación. Cuando no se te acompaña para que tu comprensión te lleve a la acción, es ilusionismo espiritual. Cuando no te brinda herramientas y recursos posteriores para gestionar y sostener lo que sea que se haya abierto, es negligencia y tremendo ego de la guía que se cree salvadora. Pedirte un logro sin decirte cómo es una forma muy oscura de ego espiritual.
Sin embargo, nada de lo que existe en la oferta espiritual es bueno ni malo, sirve y no sirve. Hay que aprender a discernir y elegir respetándose a una misma en primer lugar. No te expongas a lo que te puede causar aún más dolor. No te lastimes con tu sanación.
FINALIZA EN LA SIGUIENTE PÁGINA: No esperes magia. Construye tu capacidad de sanar.